Masonería degenerada y Masonería restaurada




Por Fermín Vale Amesti

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Fermín Vale Amesti

Fermín Vale Amesti, 33º

Cuando el Ojo Interior permanece cerrado a todo lo trascendente, es prueba evidente de que el “hombre viejo” es quien gobierna y que, por lo tanto, el Templo Interior no ha sido constituido, ya que, en caso contrario, el hombre quedaría transformado y “elevado” y no ofrecería resistencia a la atracción del Espíritu.

Precisamente el Nuevo Nacimiento o “Segundo Nacimiento” es la manifestación de un Principio Espiritual en el Centro de la Individualidad humana, el Centro que suele figurarse por el Corazón. Dicho Centro reside en todo ser humano, pero en el hombre ordinario sólo está de un modo latente. Cuando se habla de “nacimiento” se entiende que es el punto de partida de un desarrollo efectivo hecho posible por la Iniciación que va a convertir en actualidad lo que sólo existe potencialmente. El corazón es el Centro de relación con la Inteligencia universal, tal como lo explica el sufismo.

Según la Cábala, el Sendero 26 (el Sendero Hermético) Hod-Tiferet es llamado “la Inteligencia Renovadora”, porque “el Santo Dios renueva por ella todas las cosas cambiantes que son renovadas por la creación del Mundo”.

“¡Profano! ¿Qué veis?”, inquiere el Venerable Maestro “desde el Oriente”, porque está representando a la Eterna Sabiduría, la Gnosis, en su función de Hierofante. Y con esa pregunta le está enseñando al mismo tiempo una gran verdad hermética: “lo que es no es todo lo que hay por conocer”. Cuídate de la imperfecta observación y del razonamiento superficial…

Hay una correspondencia evidente entre el ojo y la vista como facultad, y el Intelecto (no la Razón…); las relaciones entre el ojo y el Corazón son muy profundas. Como hemos dicho en otro capítulo: “el ojo es el sol del cuerpo, como el Corazón es el Sol del Alma”. Dice Proclo en El himno al Sol:

“Ocupando por sobre el éter el Trono del Medio, y teniendo por figura un Círculo Deslumbrante que es el Corazón del Mundo, tú colmas todo de una providencia apta para despetar la Inteligencia”.

Los Mekubalim de nuestros días, como los Antiguos, dicen en su diario “Saludo al Sol”: “Te saludo a ti ¡oh! El Gran Sol Eterno Espiritual, cuyo visible símbolo se levanta en este momento en los cielos; te saludo desde las Estancias de la mañana”.

El Iniciado “ve” las cosas con el “Ojo Interior”, pero para el profano, el hombre ordinario, únicamente cuenta aquello que le transmite el ojo físico, concreto y sensible. Cada uno ve lo que uno “es”; y quien “es” conoce. Por ejemplo, tal como en su época los egipcios no Iniciados afirmaban que los Sabios Hierofantes y Sacerdotes adoraban al Sol físico, también hoy, la gran mayoría de los historiadores, eruditos, egiptólogos y demás especialistas, aseveran con la misma desenvoltura y ligereza de opinión que aquellos antiguos Sabios eran “adoradores del sol”. Eso es perfectamente comprensible, porque no se le puede exigir a un profano que carece del Conocimiento Iniciático que entienda lo que está más allá de sus posibilidades. Pero lo paradójico e incongruente es que, precisamente, un número muy importante de personas que se consideran a sí mismos Masones, y que, por lo tanto, pretenden ser iniciados, continúen siendo tan ciegos para ver la Verdadera Luz Masónica, como cuando eran simples profanos; es decir, antes de haber sido Iniciados en los Augustos Misterios. Aunque resulte difícil aceptar esta triste realidad, es realmente cierto el hecho paradójico de que la inmensa mayoría de los Masones de las obediencias convencionales ordinarias, prefieren ignorar los Misterios Iniciáticos que tratar de “penetrarlos”; por eso le vuelven la espalda.

De tal actitud deriva la ignorancia generalizada que gravita sobre casi todos los componentes de Logias, Capítulos, Areópagos y Consejos, donde todo lo Esotérico, lo Arcano y lo Trascendente es contrario a la insita naturaleza de cada uno de sus componentes individuales. Una Masonería sin el esoterismo y la Gnosis, es como una circunferencia sin un Centro. El Esoterismo incluye al exoterismo, pero jamás lo contrario…

A todo Masón sincero perteneciente a la Masonería ordinaria, que reflexione con profundidad, no se le escapará un sinnúmero de observaciones que habrían de surgir en su mente, al ponderar las obvias deficiencias en el dominio del Conocimiento de la Verdadera y Real naturaleza de la Orden a la cual se ha vinculado por si Iniciación virtual. Y cuanto más profundice en sus esfuerzos por encontrarle una explicación válida y razonable a tales deficiencias, más desorientado quedará por las inevitables contradicciones e incongruencias que le saldrán al paso…

Por ejemplo, la gran mayoría de las Obediencias Masónicas ordinarias, en su respectiva “Declaración de Principios”, define a la Masonería como: “un sistema de moralidad, velado en Alegorías e ilustrada por Símbolos”. En primer lugar, si la Masonería es una institución de carácter eminente y específicamente Iniciático, lo cual no significa que sea una sociedad Secreta a pesar de la natural “reserva” con que guarda sus Enseñanzas, ¿cuál es el objeto entonces de la consabida y “clásica” Declaración de Principios? La única posible explicación es que va dirigida al público profano. ¿Pero es que acaso una Organización Iniciática que sea fiel a sus principios, puede formular “declaraciones” que son explicaciones públicas de lo que debe permanecer siendo la “reserva” obligada que caracteriza a una Organización semejante? Esto sólo demuestra que los declarantes son los primeros en ignorar la naturaleza esencial de la Masonería.

En segundo lugar, ¿es acaso la Masonería únicamente un sistema de pura y simple moralidad? La moral aplicada es una serie de modos de “proceder” que regulan la conducta del hombre en sociedad; o lo que es lo mismo, la conformidad de las acciones del hombre a su naturaleza. El acto moral es esencialmente racional. Entonces, ¿para qué velar en “Alegorías” y Símbolos lo que se quiere enseñar, si cuanto más clara, lógica, racional y directa sea la enseñanza, más fácil y comprensible será para quien la recibe? Después de todo, para enseñar “moralidad” no es preciso recurrir al Esoterismo, como tampoco para aprender “moralidad” se requiere recibir una Iniciación Ritualístico-Simbólica. La incongruencia se hace evidente al analizar la frase: “ilustrada por símbolos”, pues el Simbolismo es, en su esencia y por su propia naturaleza, el “Lenguaje de los Misterios”, ya que el Símbolo no es precisamente el medio de transmitir asuntos que pertenecen específicamente al orden puramente racional, sino todo lo contrario, el medio ideal para despertar en el Iniciado la íntima percepción que es de orden intuitivo o supra racional. Vemos, pues, que quienes han elaborado tales “Declaraciones de Principios” anclaban muy lejos de estos últimos y, por ello, confundieron las perspectivas.

Otras obediencias, por su parte, compendian lo que demuestran “entender” por Masonería en las tres palabras de la “divisa” francesa de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que apareció por vez primera en un escrito antimasónico titulado Los Franc-Masones aplastados”, publicado en 1747, y que fue luego adoptada e impuesta por la convención del Gran Oriente en 1877. Tales palabras no pasan de ser unos falsos principios e ideas quiméricas inventadas por mentes políticas de la época, con la deliberada intención de provocar reacciones sentimentales, porque son el medio más eficaz y más cómodo de actuar sobre las masas ignaras, que se movilizan con puro “verbalismo demagógico” y vacua sonoridad de palabras… Aquí estamos de nuevo ante la poderosa influencia profana externa, exotérica y ajena al genuino espíritu Iniciático, derivada de la Revolución Francesa y, por lo tanto, una actitud y actividad específicamente política en el más estricto y bajo sentido del término; error muy propio de una gran número de Masones que confunden la vida exterior, profana y común del hombre de mundo, con el de la Vida Iniciática.

Resulta absurdo pensar que una antiquísima, sabia y genuina Organización Iniciática como la Masonería, únicamente tuviese por mero objetivo enseñar a hombres ya “hechos y derechos”, todo un Simbolismo relacionado con el Arte de la Construcción, simplemente para inculcarle enseñanzas y “virtudes morales”, como las que se enseñan a los niños en las escuelas de primaria elemental y en las clases de Catecismo de las Iglesias Parroquiales, como bien lo señala el Hermano Wilmshurst, en su magnífico libro El sentido de la masonería. O convertir a los miembros de un Consejo de Alto Grado, por obra y gracia de la puerilidad simplista y sensiblería desbordante, en algo así como un grupo de “boy scouts” rindiéndole “honores a la bandera”… ¿Qué pensaría el Dante o Martínez de Pascalli de comprobar en lo que ha venido a parar el concepto trascendente y sublime del “Vengador de Adán”…?

Según René Guenon, el “moralismo” se vuelve extrañamente invasor en la época actual, pero sobre todo esta vez, por una degeneración del pensamiento religioso, como lo demuestra el caso del protestantismo; es natural por otra parte, que pueblos de mentalidad puramente práctica, cuya civilización es del todo material, traten de satisfacer sus aspiraciones sentimentales con este falso misticismo que encuentra sus expresiones en la moral filosófica.

En cuanto se refiere a las “actividades benéficas”, tampoco es necesario Iniciarse en la Masonería para llevarlas a cabo. Existen excelentes Organizaciones mundiales muy importantes que están ejerciendo desde hace mucho tiempo este tipo de actividades con muchísima más efectividad y éxito y hasta en una más amplia escala de proyección, como son, por ejemplo, la Cruz Roja Internacional, el Rotary Club, el Club de Leones y muchos otros que sería largo enumerar. La razón de ser del “ritualístico” Tronco de la Viuda está muy lejos del espíritu de la “limosna” que humilla a quien la recibe; tiene otro fin que va más allá de la simple ayuda cuantitativa.

Es justo señalar que las incongruencias señaladas, únicamente se advierten en la Masonería Ordinaria, pues en el más reducido y selecto ámbito de la Verdadera Masonería, se ha mantenido incólume la fiel observancia de la genuina Tradición Iniciática. No obstante, a pesar de las deviaciones y de la degeneración que experimentó ya desde sus mismos orígenes, en 1717, la Masonería ordinaria ha quedado reducida, a pesar de todo, al rol de conservadora latente de la Tradición Iniciática occidental en su aspecto básico de Misterios Menores, lo cual permite, a quienes son capaces de reencontrar su sentido profundo y trascendente, reorientar sus pasos en la búsqueda de lo que aún subyace en medio de las ruinas. Quien es capaz de “percibir” el esbozo de Síntesis llevado a cabo por los creadores de la Logia de Londres (1717), es decir, el Masón realmente despierto, comprende el verdadero papel de la Masonería Simbólica (Azul) o de San Juan, que así como su “Santo Patrón” que anuncia La Luz y habla de la Luz, pero él no es la Luz, ella también guía hacia la Luz pero no da La Luz.

La falta de conocimiento de los Reales Principios de la Verdadera Masonería no le permite al Masón ordinario considerar nada, más allá de un simple conocimiento racional y discursivo que, si bien le sirve para los fines prácticos de orden profano, es totalmente, inútil y estéril para elevarlo hacia la espiritualidad pura y hacia los Principios Universales de real trascendencia. Muchos son los que llegan hasta vanagloriarse de esa carencia de conocimientos, y lo que es peor, hasta intentan prohibir a los demás las consideración o la búsqueda de ese Conocimiento que ellos ignoran. Porque a los ojos del hombre ordinario o de quien, a pesar de haber recibido una Iniciación Virtual, no ha logrado alcanzar los niveles correspondientes a los Misterios Menores, toda trascendencia está mucho más allá de sus capacidades de captación y comprensión. La esencia profunda de la Tradición se le escapa porque está fuera de sus posibilidades. Por ello, la verdadera razón del “disentimiento” surge debido a la ignorancia, la incomprensión o la estrechez de conceptos.

Más de treinta y cinco años de continua actividad Masónica, buena parte de ellos ejerciendo la función de Instructor o Monitor en diversas Logias y Capítulos de la Masonería ordinaria, nos ha permitido observar y comprobar la razón de ser de la Masonería Moderna. Se ha llegado al punto crítico del descenso cualitativo: un verdadero “atolladero”. No puede lograrse la correcta formación de Masones integrales porque las Logias están en manos de “profanos totales”, y nadie puede dar de lo que no posee…

Quien, desde sus comienzos en la Orden no sólo no recibe la genuina Enseñanza, sino el mal ejemplo o instrucción deformante, difícilmente podrá enderezar sus pasos en el futuro, salvo el caso de las excepciones, muy señaladas por cierto, pero que sin embargo, no dejan de manifestarse de vez en cuando. “Árbol que crece torcido, nunca su tronco endereza, pues se hace naturaleza el vicio con que ha crecido”.

Muchas veces fuimos invitados por algunas Logias cuyos Venerables Maestros intentaban al menos motivar a sus miembros con charlas y coloquios, y se nos pidió que diéramos Instrucción Masónica. Debo confesar, con pena, que los resultados en general fueron decepcionantes y hasta ingratos en algunos casos, porque un número mayoritario de “masones” no tiene el menor deseo de ser instruido Masónicamente. Una impresión que invariablemente obtuvimos, salvo contadísimas excepciones, fue la de un embozado pero beligerante rechazo. Pocas veces, quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe…

Las causas que originan esta situación, son de diversa índole, pero en la mayoría de los casos pudimos advertir que el motivo se originó en la persona que “catequizó” al candidato y lo “convenció” para que pidiera su entrada en la Orden. Casi siempre se trató de amigos, de colegas o de compañeros de trabajo, de partido o de sindicato. Le “vendieron” una idea muy “folklórica” de lo que según ellos es la Masonería. Unos cuantos se hicieron Masones “porque los Hermanos se ayudan mutuamente entre sí”. Otros, porque sólo deseaban disponer de un lugar donde reunirse “en camaradería” con un grupo afín y poder hablar de asuntos relacionados con sus propios intereses, gustos e inclinaciones, tal como podría hacerse en un Club Social. Había también quienes se Iniciaron en procura de “protección”, bien porque quien los “motivó” les hizo demasiado énfasis en el aspecto simplista y utilitario de la “Fraternidad”, como las asociaciones de mutuo auxilio, o porque esperaban que la Orden les sirviera de escudo protector contra quienes pudiesen intentar algo contra ellos. Otros, finalmente, aquellos que se dan por satisfechos con ser “masones” de nombre únicamente; es decir, de “jugar a los Masones”. Estos generalmente suelen disfrutar grandemente de lucir vistosos Collarines, Bandas e Insignias, sin que les falte el consabido anillo con la Escuadra y el Compás y hasta la calcomanía en el vehículo que conducen. Este tipo de Masones, que podríamos llamar “de utilería”, va pregonando por doquier su condición de “Masón” sin darse cuenta de que su actitud, además de ridícula es totalmente anti-masónica. Si hay algo que distingue al verdadero Masón del hombre común es, precisamente, su conducta y su modo de ser; por sus obras se conoce al Verdadero Constructor…

Son muy pocos, poquísimos, los que entraron a la Orden buscando “algo más” que toda esa sarta de nimiedades pueriles porque intuyen que la Orden fue proyectada, constituida y establecida para fines superiores, realmente nobles y trascendentes. Es en este último grupo de individuos donde se encuentra una ínfima minoría que constituye la esperanza de la reconstrucción posible, la materia prima apropiada para la formación Masónica. Desafortunadamente, “su número no es legión”.

El efecto deformante ya señalado, también lo hemos podido comprobar en los pocos casos cuando aceptamos vincular a una Orden Masónica Interior (Operativa) a un reducido número proveniente de Logias Ordinarias quienes, además de haber dado muestras de interés en buscar “más luz”, aparecían como anhelantes de comenzar el Método Operativo encontrándose como decían, totalmente insatisfechos por la falta absoluta de la transmisión de una Enseñanza Tradicional en su Rito u Obediencia originario. Ocurrió que, casi todos ellos, una vez en posesión del modus operandi y plenamente asistidos de la Iniciación correspondiente, comenzaron por esgrimir una aparente “falta de tiempo” para llevar a cabo la Ascesis o Trabajo Interior, pero pretendiendo invariablemente suplantar con ávidas y desordenadas lecturas de libros y meras especulaciones mentales lo que únicamente puede lograrse mediante la realización efectiva del VITRIOL Alquímico… Este es el tipo indeciso y “tibio” que se queda en el camino porque el Hombre Viejo no le permite decidirse de una vez por todas a darle el frente al “enemigo” para derrotarlo. Estos difícilmente podrán llegar a “destronar al Bafometo”… pues, el Bafometo los mantiene destronados…

Los viejos Masones ingleses solían referirse a la Iniciación masónica como Montar el Chivo, evidente referencia al Bafometo, ya que uno de los fines esenciales de las Escuelas Iniciáticas es el de “echar del Trono al Bafometo”, porque el Trono pertenece al Hombre. El Iniciado tiene que ocupar el lugar del Bafometo y obligarlo a servirle…

Serge Marcotoune, en su libro La ciencia secreta de los iniciados, dice: “recuerda que el Bafometo no es sino un usurpador de tu lugar, y que mañana, cuando tú te levantes, él será tu esclavo. Pero no te olvides que el Bafometo una vez vencido, no se duerme, y que sin cesar espera su revancha, y que en la primera oportunidad se esforzará por volver a meter a su domador en las redes de las pasiones desencadenadas… Sólo la segunda muerte o reintegración parcial hace que el Iniciado sea inaccesible a la acción de la fuerza animal del Bafometo. Si estás caído, si Bafometo te domina hoy, no desesperes: recuérdate que Bafometo no es sino un usurpador de tu puesto, y que mañana, cuando tú te levantes, él será tu esclavo. Por eso es por lo que cualquiera que sea el grado de tu caída, no estás perdido, todo permanece en tus manos, en el esfuerzo de tu voluntad, de tu obra por levantarte”.

“Derriba al Bafometo de su trono y conviértelo en tu perro fiel”, ordena el Arcano XV. Tal es la Obra de Reparación que el Iniciado ejecuta en su dominio íntimo. En cambio, la obra nefasta de la contra-Iniciación es el culto de los “adoradores de Bafometo”, el Satanismo que corrompe todo cuanto toca, sin distinguir entre sus víctimas a personas inocentes y hasta bien intencionadas… El Iniciado, el hombre que “ya ha puesto su mano sobre el arado”, no debe permitir jamás que su consciencia humana se bestialice, pues no hay bestia más terrible que el hombre cuando actúa como una bestia… Quien aplica la práctica del conocimiento, comienza a ganar su propia liberación…




El comienzo de la desviación profanadora

René Guenon había podido darse cuenta directa y personalmente del verdadero carácter de la Masonería, que es, según autorizada opinión, “la más importante supervivencia de las antiguas organizaciones Iniciáticas del mundo occidental”. El señaló que la Masonería había “degenerado” al convertirse simplemente en Masonería Especulativa; es decir, el cambio acarreó una capiti deminutio. Disminución en la calidad del Conocimiento y la acción Iniciática que conduce a la Realización Espiritual. Y aunque como él mismo lo aclara “no se puede hablar aquí de “discontinuidad”, aún si hubiese habido un “cisma”, la filiación no se interrumpe por ello y permanece a pesar de todo; la incomprensión de sus adherentes, señala, no altera en nada el valor propio de los Ritos y de los Símbolos de los que ella permanece siendo depositaria”.

El mismo autor escribió: “la Masonería “especulativa” que ha tomado nacimiento cuando las Corporaciones Constructoras estaban en plena decadencia, por su mismo nombre indica muy claramente que estaba confinada a la “especulación” pura y simple, es decir, en una teoría sin realización; evidentemente sería equivocarse de la manera más extraña considerar eso como un “progreso”.

Entre la verdadera o Antigua Masonería y la Masonería Moderna sólo queda un punto común fundamental: el Simbolismo. Pero como el Simbolismo es el que permite al Masón acceder a un modo de conocimiento que está más allá de la expresión racional, si el Masón no sabe cómo utilizar los “útiles” que ese Simbolismo pone en sus manos, permanecerá siendo un “profano” a pesar de haber recibido la Iniciación Virtual, pues, quien además de recibir la Iniciación Ritualistico-Simbólica, no recibe simultáneamente el esoterismo que “pone en acción” la operatividad del Conocimiento Iniciático, jamás logrará entrar al Verdadero Templo, el Templo Interior, el “Templo de Henoch”, ya que a ese Templo no puede entrar nadie que no haya “conocido la letra “G”, la Gnosis Masónica…

Esa grave deficiencia en la calidad del Conocimiento Masónico, fue y continuará siendo la causa principal de la degeneración y de la desviación profanadora que se acentuó sensiblemente, cuando una rama de la Masonería cayó en manos de una mayoría de sus miembros que, totalmente ignorantes de la Genuina Tradición, pero embelesados en cambio por el Enciclopedismo que estaba “de moda” en su época, reaccionaron como niños en un gran circo: se quedaron fascinados por la corriente de pensamiento profano que inundó las Logias, haciéndolas caer en el bajo terreno de las luchas políticas, con sus influencias anarquizantes y sus tendencias abiertamente racionalistas, que terminaron por convertirlas en organismos con simples objetivos sociales y políticos, al mismo tiempo que se reducía cada vez más el amplio horizonte espiritual de antaño, a una huera actitud moralista y a una “fraternidad de Montepío”.

Las Logias llegan prontamente a convertirse en simples lugares de reuniones “profanas”, como podía hacerse en un sindicato o en un partido político; todo ello bajo una radical actitud de combate disolvente y extremista, donde el abuso de la palabra y el cultivo de la verborrea estéril y chabacana convertían a los Templos masónicos en verdaderos centros activos de la contra-Iniciación. Como bien lo señaló J. Corneloup: “La Franc-Masonería “organizó” tan poco la Revolución, que la Revolución, en seguida, desorganizó a la Franc-Masonería”.

De ese modo, la Orden que debía transformar al hombre “profano” en un Iniciado es, por el contrario profanada y transformada ella misma por la invasión avasallante del hombre común, y reducida a los más banales fines y propósitos. Las aparentes conquistas del mundo exterior la desvían de los intereses de la Vida Interior que constituye la razón de ser de la Verdadera Masonería. Las ideas de “progreso” y de “humanismo” la coloca a las antípodas de todo Esoterismo verdadero. Por su parte, los verdaderos Iniciados y Adeptos de la Antigua Masonería siguen funcionando separadamente para evitar que la ola degeneradora pudiera barrer con todo y se limitan a actuar en sus Círculos Internos, aunque siempre atentos al despertar de los pocos Masones de las Logias ordinarias, para orientarlos y transmitirles el Verdadero Conocimiento.

Por la carencia absoluta del fundamento Tradicional Operativo de la Masonería Moderna o Especulativa, fue cayendo dentro del remolino de la corriente “a la mode” y, a falta de la auténtica Tradición Iniciática orientadora y equilibrante, conductora e iluminadora, las Logias se tornan en simples “frentes de lucha” contra determinadas corrientes políticas y sociales pregonando la resistencia a toda autoridad, a la ortodoxia y a la Tradición, dándole en cambio, franco paso a la tesis racionalista y “revolucionaria”. En semejante ambiente, el recién llegado que ignora absolutamente todo cuanto representa la Genuina Tradición Iniciática, por carecer de Instructores y de Maestros Hábiles que pudieran conducirlos hacia una Realización Masónica, se limita a “seguir la corriente del sistema” que allí encuentra firmemente enraizado y, por su parte trata de aparecer “contestatario”, “racionalista” y “crítico anticonformista” de muchas cosas que hasta ignora, pero que no obstante estará siempre dispuesto a combatir. En fin, una verdadera y auténtica “escuela para la inflación del ego”, una escuela del desorden, “invirtiendo” de ese modo la razón de ser de toda Escuela Iniciática, que sólo busca la muerte del hombre profano, “cortándole la cabeza” or medio del abandono de todos los prejuicios y malformaciones adquiridas en el mundo profano y “poniendo orden en su caos interior”… Fue de ese modo, como la Masonería Moderna, con honrosísimas excepciones, pretendiendo liberarse de “dogmatismos”, se empantanó en otro que resultó aún peor. Le ocurrió como el que arrojó el “agua sucia con el niño adentro”.

Por haberse rebajado y reducido a ese solo y único aspecto externo y exotérico, la Masonería Moderna, desde hace más de dos siglos se quedó “huérfana de la Palabra”. Le ocurrió algo semejante a lo que experimentó la Iglesia Romana cuando pretendió convertirse en detentora del poder temporal, no solamente dándole la espalda al Esoterismo y a la Gnosis, sino que los combatió a sangre y fuego, como también lo haría hoy mismo si pudiera, pero no le alcanza el tiempo para luchar a brazo partido contra el Marxismo que la está invadiendo a toda velocidad. Cuando pudo haber sido el mejor “catalizador” de la genuina Tradición, se infló de orgullo y pretendió imponer dogmas autoritarios, para tratar de opacar y desfigurar las Grandes Verdades Eternas. De allí sólo había un paso a la rapacidad humana, fuente de los peores despotismos, abusos y excesos que han sido una de las principales causas del cataclismo social que hoy vive y sufre el Mundo Occidental. Como consecuencia de esos errores, hoy vemos cómo los demoledores efectos de la “socialización” de las normas religiosas, poderosamente enquistadas en la realidad eclesial, vienen ocasionándole una insurrección que brotó desde su interior. 

La posible regeneración de la Masonería ordinaria

“El verdadero remedio contra la degeneración actual de la Masonería, y sin duda el único, suponiendo que la cosa sea todavía posible, sería, cambiar la mentalidad de los Masones, por lo menos de aquellos que sean capaces de comprender su propia Iniciación, pero a quienes (es necesario decirlo) no se les ha brindado hasta ahora la ocasión, su número importaría poco, porque en presencia de un trabajo seria y realmente Iniciático, los elementos “no calificados” se eliminarían pronto por sí mismos; y con ellos desaparecerían también, por la fuerza misma de las cosas, esos agentes de la contra iniciación, ya que nada podría darles motivo para su acción. Para operar un “enderezamiento” de la Masonería, en el sentido Tradicional, no se trata de “apuntar a la luna”, ni de construir en las nubes; se trataría, para comenzar, de utilizar solamente las posibilidades de las cuales dispone, por reducidas que ellas sean, pero en una época como la nuestra, ¿quién osará emprender semejante obra?”. (René Guénon: Eudes sur la F.M. et la compagnonnage, pp, 246-247.)

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